El Ayuntamiento de Sevilla, a través del Área de Turismo y Cultura, informa que la Real Fábrica de Artillería acoge los próximos 26, 27 y 28 de marzo el estreno en Sevilla de La alegría, una obra escrita y dirigida por Marilia Samper, producida por SERENDIPIA, que llega a la ciudad tras su paso por destacados escenarios nacionales e internacionales.
En este sentido, la delegada de Turismo y Cultura, Angie Moreno, ha destacado que “el estreno en Sevilla de ‘La alegría’ en la Real Fábrica de Artillería refuerza la apuesta del Ayuntamiento por una programación contemporánea, valiente y comprometida con los debates sociales de nuestro tiempo. Esta obra no solo sitúa en el centro cuestiones como la accesibilidad, la dignidad y la fragilidad de los vínculos comunitarios, sino que lo hace desde el rigor artístico y la sensibilidad, invitando al público a una reflexión profunda y necesaria. Que un espacio patrimonial como la Real Fábrica de Artillería acoja propuestas de esta calidad demuestra que Sevilla es hoy un escenario abierto a la creación actual, capaz de dialogar con la realidad social y de impulsar un teatro que interpela, emociona y transforma”.
Asimismo, Angie Moreno ha subrayado además que “la representación de La alegría el próximo 27 de marzo adquiere un significado aún más especial al coincidir con el Día Mundial del Teatro, una fecha que celebra el poder de las artes escénicas como herramienta de reflexión, diálogo y transformación social. Que Sevilla conmemore este día con una propuesta tan comprometida y contemporánea como la de Marilia Samper es una muestra del momento creativo que vive la ciudad y del firme apoyo institucional al teatro como espacio de encuentro, pensamiento crítico y cultura viva”.
Estrenada originalmente en catalán en la Sala Beckett de Barcelona y presentada posteriormente en Londres, La alegría se incorpora ahora a la programación sevillana como una de las propuestas teatrales contemporáneas más relevantes de la temporada, con un relato que sitúa el foco en los márgenes de la convivencia cotidiana y en las grietas que atraviesan lo comunitario.
La acción se desarrolla en un barrio obrero de cualquier ciudad. Una madre sola cuida de su hijo, un joven con parálisis cerebral que utiliza silla de ruedas y que no puede salir de casa por la ausencia de una rampa en el edificio. La petición de esa rampa, un gesto mínimo y necesario, pone en marcha un conflicto vecinal que va revelando desacuerdos, cambios de opinión, pequeñas traiciones y una progresiva descomposición de los lazos comunitarios.
Lejos de plantear un relato ejemplarizante, la obra construye una mirada cruda y directa sobre la convivencia, mostrando cómo la solidaridad se resquebraja cuando exige implicación real. El texto expone con precisión la miseria económica y humana, la fragilidad de la conciencia colectiva y la soledad que se instala puertas adentro, al tiempo que contrapone esa dureza con la fuerza de Julia, una mujer sostenida por el amor y la ternura hacia su hijo.
El conflicto articula un espacio donde lo íntimo y lo político se entrelazan de forma constante. La instalación de una rampa —símbolo de accesibilidad, justicia y dignidad— se convierte en detonante de un debate moral que interpela directamente al espectador, obligándolo a posicionarse y a transitar entre el rechazo y la comprensión. En este sentido, La alegría no ofrece respuestas cerradas ni soluciones simples, sino que abre un espacio de reflexión incómodo y necesario.
La puesta en escena acompaña este planteamiento desde la sobriedad. Sin artificios ni excesos, el montaje apuesta por un espacio escénico hogareño y reconocible, donde los cuerpos y la palabra ocupan el centro. La escenografía creada ex profeso para este montaje y la iluminación de Mamen Bermúdez construyen un entorno coherente con el universo que retrata la obra, reforzando la cercanía con el público y la intensidad emocional del relato.
El espectáculo está interpretado por Paqui Montoya, Fernando Lahoz, Amparo Marín y Manuel Monteagudo, un elenco con una sólida presencia en la escena teatral andaluza que sostiene el relato desde una interpretación contenida y profundamente humana. La dirección pone el acento en el trabajo actoral como eje del montaje, con personajes construidos desde la cercanía y la verdad escénica. Destaca especialmente el proceso de aproximación al personaje de Eli, para el que Fernando Lahoz ha desarrollado un trabajo específico en colaboración con ASPACE, a través de un voluntariado que ha permitido abordar la parálisis cerebral del personaje desde el respeto, el rigor y la escucha.
El estreno de La alegría en Sevilla ha contado con la colaboración y el apoyo de distintas entidades e instituciones que han acompañado el proceso del proyecto. Entre ellas, ASPACE; la Fundación Auxilia, que ha facilitado la silla de ruedas del personaje; la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y el Ayuntamiento de Sevilla; la Sala Beckett de Barcelona, donde se estrenó el texto en catalán y desde donde se ha compartido material de referencia para este nuevo montaje; así como los centros cívicos El Esqueleto, Torre del Agua y Torreblanca, que han apoyado el desarrollo del proyecto.
Fuente: Ayuntamiento de Sevilla
